LA INTERCULTURALIDAD Y LA COMUNICACIÓN
¿Qué ocurre cuando dos personas o grupos que producen códigos diferentes se encuentran e interactúan? ¿Ponen algo en común, comparten signos, se comunican? Aparte del lenguaje, existe una diversidad de dimensiones "no verbales" de la comunicación que complican aún más el estudio de esos encuentros. El "contacto entre culturas" es justamente un contacto entre olores, sabores, comidas, sonidos, palabras, colores, corporalidades, especialidades. Este libro ofrece una síntesis de los conceptos fundamentales para el estudio de la dimensión comunicacional de la interculturalidad y, por lo tanto, para la penetración en los códigos invisibles de la cultura y de las identidades. El texto expone las características y los problemas de la comunicación intercultural y da respuesta a las siguientes preguntas: ¿Qué entendemos por cultura? ¿Cómo diferenciamos una cultura de otra? ¿Cual es la diferencia entre la pluriculturalidad y la interculturalidad? ¿Qué es la comunicación intercultural? - A grandes rasgos podríamos decir que cada persona ha nacido en una comunidad de vida en la que se ha socializado. La persona interioriza unas maneras de pensar, de sentir y de actuar. - Una cultura es dinámica y cambiante. Por ello algunas de esas manifestaciones se conservan, otras cambian y otras desaparecen. Todo esto sucede por la interacción comunicativa que se produce en el seno de cualquier comunidad de vida. - Si aceptamos que no hay una jerarquía entre las culturas estaremos postulando el principio ético que considera que todas las culturas son igualmente dignas y merecedoras de respeto. - Los postulados fundamentalistas de la cultura pretenden mostrarnos unas culturas homogéneas, puras y "no contaminadas". De esta forma se niega la asunción como propias a todas aquellas manifestaciones que se consideran que no forman parte de una cultura originaria, aun produciéndose en territorio compartido. -Si aceptamos la idea interaccioncita de la cultura, toda cultura es básicamente pluricultural. Es decir, se ha ido formando, y se sigue formando, a partir de los contactos entre distintas comunidades de vidas que aportan sus modos de pensar, sentir y actuar. Evidentemente los intercambios culturales no tendrán todas las mismas características y efectos. Pero es a partir de estos contactos que se produce el mestizaje cultural, la hibridación cultural. -. Una cultura no evoluciona si no es a través del contacto con otras culturas. Pero los contactos entre culturas pueden tener características muy diversas. En la actualidad se apuesta por la interculturalidad que supone una relación respetuosa entre las culturas. Mientras que el concepto ‘pluricultural’ sirve para caracterizar una situación, la interculturalidad describe una relación entre culturas. Aunque de hecho hablar de relación intercultural es una redundancia, quizás necesaria, porque la interculturalidad implica, por definición.
Pero por muy maleable que sea la capacidad de adaptación de unos y otros, toda convivencia intercultural, como toda diferencia, es en principio conflictiva. Esto no debe suponer un rasgo negativo, todo lo contrario, diríamos que "el conflicto es el camino natural hacia la convivencia pacífica", por cuanto como reto puede y debe ser superado, enriqueciendo a cuantos así lo logran y empobreciendo a quienes no consiguen superar las barreras diferenciales.
. Valores culturales dominantes
Normalmente no somos conscientes de los valores que culturalmente transmitimos, porque suelen ser los valores de la cultura dominante a la que pertenecemos, están en nuestra forma de ser y pensar, y la costumbre nos impide darnos cuenta. Ante la diversidad cultural y la transmisión de valores, podemos responder según la sinopsis adjunta:
a) Ignorar
b) Sí se conservan la identidad cultural y las costumbres
- Integración
- Separación
c) No se conservan la identidad cultural y las costumbres
- Asimilación
- Marginación
Según combinemos en mayor o menor grado el deseo de conservar o eliminar la identidad cultural del inmigrante y valoremos o no lo positivo de las relaciones interculturales, tenderemos a integrar o marginar, asimilar o a separar, o incluso una quinta posibilidad, negar o ignorar la existencia de otras culturas. Esto va a motivar diferentes actitudes de la sociedad que se manifestarán, a su vez, en distintos enfoques o modelos educativos.
Modelos educativos ante la diversidad
1. No hacer nada
La indiferencia se disfraza de una "supuesta neutralidad" ante la diferencia, pero supone en realidad perpetuar la desventaja inicial de ser "minoría", (no compensar desventaja equivale a dejarla como esta), y por tanto, lleva a mantener las desigualdades sociales. Por eso esta postura no es "constitucional" según nuestro modelo de convivencia democrática, y no ofrece ningún modelo "educativo" válido como respuesta a nuestras inquietudes docentes.
La educación tendrá por objetivo fundamental compensar las desigualdades socioculturales.
2. Marginación
Supone crear espacios y tiempos distintos para "excluir" a los diferentes. Esta sería la postura conocida como "apartheid", es decir, "subraya las diferencias desde la desventaja" consintiendo una segregación entre los centros educativos. Tampoco es "políticamente correcto" desde nuestra óptica constitucional, y es inviable como modelo educativo (segregación en agrupamientos de "torpes" o "clases de recuperación, en las que nunca nadie promocionaba al grupo de los elegidos).
3. Asimilación
Supone una "inmersión" del emigrante en la nueva cultura, de forma que potencie todas sus capacidades para adaptarse a la nueva sociedad en la que quiere vivir. Como positivo tiene el "interés" que manifiesta porque las minorías accedan a los mismos recursos que los autóctonos. En lo negativo se exige la "renuncia" a la propia cultura del que va a ser "asimilado", y potencia el peligro del dilema de " o entras o te quedas fuera". (¿Qué sucede en el caso "catalán" de la inmersión lingüística?).
No es un modelo educativo plenamente aceptable en el concepto pluricultural que defiende nuestro sistema constitucional, porque: a) produce enfrentamientos entre la primera y segunda generación, que tiende a negar a la primera; b) porque pide a los "diferentes" que se hagan imposiblemente "iguales", y c) porque a pesar del contacto no se pierden los estereotipos y terminan manteniéndose las diferencias (cristianos viejos y cristianos nuevos).
4. El pluralismo cultural o multiculturalismo
El multiculturalismo añade el respeto por las diferencias, al mero interés del modelo anterior. Aunque supone un avance, no satisface todas las exigencias de una sociedad abierta a la diversidad como la que desea nuestra democracia. No puede servirnos de posible modelo educativo, porque puede implicar la aceptación de aberraciones llevados por el simplismo de "yo respeto tu cultura, siempre que tú respetes la mía", y por ejemplo, unos consentir la ablación del clítoris y los otros defender un consumismo incontrolado. Además favorece un relativismo cultural que puede generar un nuevo "racismo" más peligroso y sutil que el tradicional: "evitar que vengan inmigrantes supone mantenerles en el asiento original de sus verdaderas culturas, con lo que protegemos que las mismas desaparezcan". Es decir, por "respeto" no se trata de atajar las desigualdades sociales de los que están en desventaja, y se niega el derecho a residir donde uno libremente decida.
5. La interculturalidad
Recoge el "interés" por las minorías del asimilacionismo y "el respeto por la diferencia" de la multiculturalidad, pero pretende además que:
1. exista un espacio y tiempo común para todas las culturas, es decir, favorece no sólo el contacto, sino también el encuentro.
2. abarca a las minorías, pero junto a la gran mayoría, y por tanto incide en las discriminaciones personales, familiares e institucionales del conjunto social.
3. promueve el conocimiento de las distintas culturas que conviven aceptando las diferencias culturales como algo positivas y enriquecedoras del entorno social y ambiental.
4. favorece la toma de conciencia de un mundo global e interdependiente, accediendo a claves de desigualdad económica y a la necesidad de paliar las desventajas.
Enseña a afrontar los conflictos de forma positiva, no negando el conflicto, que existe y es real, pero estimando que puede ser motor del cambio a mejor.
Los destinatarios de la interculturalidad son, por tanto, las mayorías y las minorías, y por lo mismo debe incidir en todos los campos educativos posibles.
Por todo ello la interculturalidad sí representa un modelo educativo compatible con nuestras aspiraciones constitucionales y supone para la escuela como institución de la educación formal: